Ingenuos

De niño, como la mayoría de mis símiles, creía en seres, mundos y realidades que ahora sé que son inexistentes. Era ingenuo, era crédulo, era inocente y, afortunadamente, estaba ciego ante el mundo real pero uno tiene que crecer y empezar a ver las cosas como son. Despertar en México no es tan difícil desde el momento en que algunos padres enseñan a sus hijos, ya sea de manera desvergonzada o sutilmente, prácticas faltas de ética o incorrectas para el correcto funcionar de la sociedad hasta que los menores ven como normal este accionar, causando el efecto de bola de nieve que termina arrastrando a toda la sociedad sin poder detener el mismo.

La educación, sin lugar a dudas, puede tener un efecto catalizador ante este efecto, evitando el ser arrasados, poniéndole barreras a la avalancha pero, ¿qué pasa cuando estas barreras también son derribadas? La desaparición de los 43 normalistas son una clara muestra de aniquilación del arduo esfuerzo que aún tienen algunos por tratar de tener un pueblo medianamente letrado, que posea herramientas para no ser vejado. Sin educación seguiremos siendo un pueblo inane, mutilado, como lo está el país entero y como lo quiere el gobierno.

Creen que pueden seguir viéndonos la cara de pendejos o que somos tan ingenuos para seguir creyendo sus mentiras pero poco a poco se están dando cuenta que estamos despertando pero no por completo. ¿Qué hace falta para terminar de despabilarnos? ¿Cuántos más muertos hacen falta para levantarnos?

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