Residencia SOMA en Rhodesia Histórico

Por: @Isaacdelar Foto: Sib Cornelius

¡Oh Musa, o chispa sagrada del espíritu: enciende la gran hoguera crepitante! ¡Esa que se alza por el cielo sonoro en un instante! ¡Que el soplo inmenso atraviese la delgada envoltura de la flauta y llegue hasta nosotros sometido a las leyes de la pauta! ¡Quiero que alcance las profundidades de la orquesta y se vuelva para todos una orgía, una bacanal y una fiesta!

Inventario, Juan José Arreola (extracto)

Querétaro se extiende sobre un suelo ardiente en primavera. El dios Sol y sus dorados rayos nos castigan con su calor insoportable; nos movemos a su voluntad, tratamos de encontrar refugio, clamando por una tregua que llega cuando, invariablemente, esa estrella gigantesca se oculta en el horizonte.

La noche en la ciudad nos pertenece un poco más. Dueños de nuestra voluntad, decidimos que queremos estar juntos y como desde tiempos ancestrales, hacemos de la música nuestra compañera, cómplice, amiga, amante.

La noche es hogar para muchos, varios estuvieron en Rhodesia Histórico para presenciar el primer acto de la residencia de SOMA, a cargo de FAUX FOUET. Mientras sus impredecibles beats nos reventaban en los oídos, el dancefloor se inundaba de reencuentros y nuevas amistades. En cada barra se multiplicaban los abrazos, las miradas y las sonrisas. A nuestro alrededor, anfitriones e invitados nos fundíamos en una sola masa que ya no obedecía a la voluntad de un dios caprichoso y vengativo, sino a la mano en la consola de Faux que entró en acción después de un muy efectivo warm up a cargo de Dean Costello.

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Rhodesia ya es un referente en la vida nocturna de la ciudad y la combinación con SOMA parece haber dado buenos resultados. Flotando en nubes de loops invisibles podíamos encontrarnos con las diferentes expresiones que caben en la fiesta, gran celebración de la noche:   “-Oye amigo ¿Traes sábanas?” que después se convertía en “Ya conseguí canas, ¿Tienes toque?”. Avanzaba la noche y con ella  aumentaba el tamaño de la pupila de sus habitantes, las horas transcurrían y no había razón para detenerse.

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Esta fue apenas la primera de muchas noches que prometen dejarnos molidos para el día siguiente. Las luces bajas del Rhodesia, la adaptación del espacio y la división de los diferentes recintos a través de pesadas cortinas nos hacen querer volver para llevar a cabo esa gran celebración nocturna. Ahí nos vemos.

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